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lunes, 10 de febrero de 2014

Bisoño y bizarro

«Rampín: ¿Qué hacéis? Mirá, que os llama un mozo de un novicio bisoño». (F. Delicado, La Lozana Andaluza, 1528)

No era Delicado proclive a las redundancias pero, a la fecha en que escribió la Lozana, lo de “novicio bisoño” tenía todavía su miga. Y es que, según parece, la palabra bisoño viene de cuando los reclutas españoles eran enviados a Nápoles a sostener las guerras contra el francés y el papado, allá cuando el siglo XV moría a manos del XVI. Tan escasos debían llegar aquellos de bienes y bastimentos que lo primero que aprendían de la lengua napolitana era bisogno: bisogno chisto, bisogno chillo… (necesito esto, necesito aquello...). Con tan parco y lamentable vocabulario nada tiene de extraño que los súbditos napolitanos les pusieran el mote de “bisoños” a estos novatos, que los italianos (y más los del sur) gastan para estas cosas tanta o más guasa que los hispanos. El caso es que la chanza pasó a ser término formal y en los ejércitos españoles se llamó en adelante “bisoño” al novato en armas e incluso ha pasado a designar al que es nuevo en cualquier otra lid o maña.

Pudo ser también (como pudo no ser) que, en el mismo escenario, a los veteranos y oficiales les dijeran ser bizzarri (vizzarru en napolitano), es decir: pendencieros, iracundos y bravucones, que es lo que “bizzarro” significaba en aquella lengua, y los aludidos se lo tomaran, sin embargo, por el lado “positivo”: bravos, valerosos y altaneros. Y con ese talante se incorporó "bizarro" al léxico español.

jueves, 23 de enero de 2014

Esperando por un intransitivo

«Todavía la policía no había levantado el cadáver (o el trozo que quedaba de él) esperando por el forense». (Cabrera Infante, La Habana para un infante difunto)
«…acababan de llegar a la fiesta y sólo estaban esperando por ellos para partir la rosca». (Laura Esquivel, Como agua para chocolate)
«Mi patria escabrosa y recóndita, siempre esperando por mí». (Martín Gaite, Nubosidad variable)

Y sin embargo…
«Se desaconseja la construcción esperar por alguien o por algo (calco de inglés)». (Nueva Gramática de la Lengua Española §34.7j, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2011). El DPD rebaja la acusación a “influjo del inglés”, al igual que hace Fundéu.

Aclaremos que por “calco” se entiende una copia literal de una expresión foránea. Cuando el calco es sintáctico y contrario a las normas del idioma huésped, que es el caso, supone una perversión en este último. Lo que las Academias nos están diciendo es que la fórmula “esperar por” es una imagen calcada de la expresión anglosajona “to wait for”.

Pero ¿dónde está la infracción?
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