Excmo. Sr. Diputado:
Hace unos días que su nombre saltó a primer plano de la
palestra política de mi país. Como quiera que, hasta entonces, no tenía yo
muchos datos sobre usted, salí a Internet a ver qué había sobre su persona. Por indicación de un ciberconocido recalé en
su blog y, para mi desazón, me encontré con una página bastante mal escrita.
Faltaba alguna tilde y alguna cosilla más; pero, especialmente, los signos de
puntuación parecían haber sido repartidos a voleo, lo que no ayudaba a una
redacción ya de por sí algo errática y deslavazada. En páginas interiores seguía observándose una irregular puntuación, e incluso errores vulgares como
confundir “rebelarse”, de rebelión, con “revelarse”, que significa otras cosas muy distintas.
En definitiva, concluyo que no escribe su señoría de forma muy
esmerada, pese a que acredita títulos universitarios e incluso experiencia
docente.