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jueves, 2 de octubre de 2014
Infinitos monos
Es probable que ya conozca el lector el teorema que afirma que si ponemos a infinitos monos ante sendos teclados alfanuméricos, obtendremos textos ya escritos por plumas mucho más gloriosas (estrictamente hablando, generarían infinitas copias de cada uno de los textos escritos y por escribir, y además traducidas en todos los idiomas que usasen el alfabeto contenido en el teclado; en realidad, el concepto de infinito es excesivo incluso en esta ocasión).
El caso es que andamos cerca de conseguirlo.
martes, 2 de septiembre de 2014
El último sólo
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| Fuente: Google Books |
«Solo, como adverbio, deberá acentuarse cuando, de no hacerlo, se pueda confundir con el adjetivo».
La misma formaba parte de un exagerado conjunto de aplicación diacrítica de la tilde, bajo el criterio explícito de que «se acentuarán todas las palabras en que la falta de este signo produzca ambigüedad en la significación de ellas». Esto incluía “sábia”, “pára”, “sóbre”, “éntre”, “luégo”,…
La mayor parte de ellas fueron “reconsideradas” y abolidas en posteriores ediciones de la ortografía normativa emanada de la RAE. Sin embargo, por alguna extraña razón, persistió para diferenciar al “solo” adverbio del “solo” adjetivo. (Esa y la de los demostrativos “este”, “ese”, “aquel” y variantes; es la misma guerra, la misma causa, pero hoy la personificaré en el par “solo-adverbio/solo-adjetivo).
viernes, 27 de junio de 2014
La disputada ortografía del señor diputado
Excmo. Sr. Diputado:
Hace unos días que su nombre saltó a primer plano de la
palestra política de mi país. Como quiera que, hasta entonces, no tenía yo
muchos datos sobre usted, salí a Internet a ver qué había sobre su persona. Por indicación de un ciberconocido recalé en
su blog y, para mi desazón, me encontré con una página bastante mal escrita.
Faltaba alguna tilde y alguna cosilla más; pero, especialmente, los signos de
puntuación parecían haber sido repartidos a voleo, lo que no ayudaba a una
redacción ya de por sí algo errática y deslavazada. En páginas interiores seguía observándose una irregular puntuación, e incluso errores vulgares como
confundir “rebelarse”, de rebelión, con “revelarse”, que significa otras cosas muy distintas.
En definitiva, concluyo que no escribe su señoría de forma muy
esmerada, pese a que acredita títulos universitarios e incluso experiencia
docente.
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